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Turistas que llegan a Babahoyo gustan retratar las casas balsas

Marzo 27
07:01 2017

Tomado de Diario El Clarín

Muchos turistas que llegan a Babahoyo se dirigen al Malecón de la ciudad con la finalidad de conocer directamente las tradicionales casas balsas, a las que toman fotos, además de que procuran charlar con los moradores.
Son múltiples las historias y reseñas que se han escrito y editado relacionadas con las tradicionales casas flotantes, las que están ubicadas ubicadas en las dos orillas del Río Babahoyo, de las cuales actualmente quedan pocas.
En tiempos pasados, eran muchas las familias que construían este tipo de vivienda para habitar allí, debido a que por falta de recursos económicos les resultaba totalmente imposible adquirir un solar y construir una vivienda en tierra firme.
Se trata de pequeñas casas ubicadas sobre palos de balsa, los que hacen flotar las viviendas que son construidas de caña, madera, bijao o zinc y balsa. Por su naturaleza son débiles, sencillas, pero, cargadas de historias y anécdotas que vivieron sus moradores.
No se conoce con exactitud cuando empezaron a construirse estas casas, pero, se supone que nacieron con el nacimiento de la ciudad.
En su construcción, los carpinteros aprendieron a utilizar técnicas ancestrales que consisten en la adecuación de balsas viviendas que utilizaban antiguamente grupos humanos que usaban el río para trasladarse de un lugar a otro, especialmente por motivo de comercio.
Estas técnicas ancestrales permitían juntar largos palos de balsas, los que eran amarrados con fuertes lianas y alambre, y, en la parte central, se construía una especie de “nido” con techo, donde se recostaban a descansar, guarecidos del sol o de la lluvia.

Tendencia a desaparecer
Dos criterios contradictorios de mantienen con relación a estas casas balsas:
1.-Unos señalan que deben permanecer porque se trata de la tradición y el folklore de la localidad, y que es preciso mantenerlas de manera permanente.
2.-Otros aseguran que deben desaparecer por seguridad de las familias que allí habitan y por higiene del río, pues, las aguas son contaminadas con los desechos de casa.
Hay una tercera idea cuya propuesta es que se reconstruyan unas pocas, pero, que no estén habitadas, sino que sirvan para que las nuevas generaciones de Los Ríos y los turistas puedan conocer esta tradición.
Hace varios años, varias familias fueron inducidas a dejar el sitio, pues, les entregaron casas en un reasentamiento ubicado al este de la ciudad. En total, se contabilizaron 204 familias que vivían en situación de riesgo, entre éstas algunas que vivían en las casas balsas.
Patricio Carpio, hombre de 79 años, cuenta que si bien es cierto él nunca vivió en las casas balsas, sin embargo allá por los años 50, cuando era un adolescente, solía visitar a amigos y compañeros que vivían en las balsas, y le parecía una hermosa aventura sentir el balanceo de la casa que era movida cuando había olas.
Holger Zúñiga, ciudadano de 60 años, cuenta que él y su familia vivieron en una casa balsa ubicada en la ribera del río, a la altura de las calles Malecón y Ricaurte. “Vivíamos en mucha pobre económica, pero, cuando se trataba de lavar la ropa, allí en el río encontrábamos el agua suficiente para hacerlo; si teníamos hambre y no había dinero para comprar lo necesario para la cocina, nos turnábamos para echar un buen anzuelo a las aguas del río, y, en cuestión de media hora, ya teníamos, gracias a la riqueza del río, algunos tipos de pescados que comíamos fritos con un poco de arroz y verde”.
En las casas balsas solían llegar a vivir familias campesinas que dejaban el campo para venir a la ciudad. Don Heriberto Rodríguez, de 72 años cuenta que siendo de apenas 8 años, su familia decidió trasladarse a la ciudad, pero como no tenían casa en tierra firme, un compadre de su papá les prestó una casita flotante, pero, del lado de El Salto. Allí recuerda que vivió y creció hasta los 20 años, cuando gracias a que logró prepararse en un oficio pudo adquirir con su familia una casa en lo que era identificado como el suburbio de Babahoyo en aquella época. Él aún recuerda los serenos atardeceres en la casita de balsa, escuchando alguna emisora en la radio a pilas que con esfuerzo adquirió su papá, y, sobre todo, el aprendizaje de vivir en armonía aunque solamente se tenga una casita de caña, balsas y bijao.
Hay paisajistas que a través deus pinceles han logrado retratar las casas flotantes. Sus cuadros constituyen un pedazo de historia que perenniza este episodio del pretérito de miles de personas. (f).

 

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