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¿A quién le doy mi voto?

¿A quién le doy mi voto?
noviembre 14
22:20 2013

Por Ricardo Farrú

Chile.-Ya se acabó la primera parte del circo electorero, donde las y los candidatos ofrecieron lo mejor de sí mismos, que fue harto poco en todo caso, ya que en esencia parecía un ofertón de ataques al resto, más que propuestas para arreglar este país, pero es lo que hay  no más y al que no le guste que se cambie de barrio o que tome pildoritas de paciencia y sapiencia para seguir soportando a los mismos de siempre con otros pañuelitos de colores, vestidos carismáticos o zapatos fosforescentes, aunque por debajo lleven la misma ropa de antaño y amaño .

Y ahora viene la gran decisión, el momento sublime del quehacer democrático, el instante cuasi orgásmico de jugar a que somos ciudadanos llenos de derechos, aunque sea una tremenda mentira y le pongamos nuestra rayita en la papeleta a aquel candidato que se ha alojado en nuestro corazón por las sin o con  razones que hayamos encontrado convenientes acorde a nuestra manera de pensar.

Hay gente que ya tiene completamente definido su voto y una gran masa que aún no tiene claro qué micro le conviene, ya que entre las ofertas de felicidad instantánea y los avisos de regalos en plata constante y sonante bajo la modalidad de bonos por lo que sea, las personas andan confundidas, indecisas, sacando cuentas para ver qué candidato le arregla el bolsillo de mejor manera, aunque no los logre sacar de su condición de endeudados y angustiados per secula  seculorum, por lo que el balance entre unos pocos pesitos ahora y mejor vida para los bisnietos es delicado y difícil de sopesar.

Pero hay un tercer grupo, entre los cuales me cuento, que no sabemos por quién votar, no por disquisiciones económicas, más allá que todo sea economía, si no que por desavenencias políticas e ideológicas, ya que sentimos que ninguno de ellos nos representa a cabalidad, aunque todos tengan algún elemento de justicia o de verdad.

Por una parte veo a los seguros ganadores de las elecciones con un programa lleno de vaguedades, imprecisiones y pocos cambios profundos como los que la ciudadanía viene reclamando hace rato, pero todo adornado de palabras grandilocuentes para que suene a progresismo y avance, un poquito de esmalte acuoso y transparente en educación, pero sin cambiarla,  una AFP estatal para que compita de igual a igual con las privadas, tipo Bancoestado que le presta plata a los grandes empresarios, hipotéticos debates futuros sobre los aspectos valóricos, que por estos lados significan que los eternos retrógrados fácticos, de espectro político repartido, quieran imponerle a la mayoría del país sus talibánicas concepciones sobre sexo, aborto terapéutico, matrimonio homosexual y moral, porque parece que el sexo los horroriza y los descompone, pero tampoco dicen palabras  sobre tocar el aberrante 10% del cobre a las FFAA y menos sobre equiparar el royalty a la minería en Chile con lo que cobran en otros lados, nada de descentralización o sobre la constitución, en resumen suena a mucho más de lo mismo que ya hicieron en veinte años: administrar hábilmente el modelo de Pinochet.

Por otro lado veo a la alianza de derecha confundida, con una candidata que no convence a nadie, ni siquiera a sí misma, llena de volteretas y rabietas producto de su baja marcación en las encuestas, cuyas propuestas se reducen a seguir haciendo lo mismo que hizo el gobierno actual, aunque corrigiendo las desviaciones social demócratas que le imprimió Piñera y que dejaron a la UDI, el partido de la abanderada, en una posición absolutamente incómoda como garantes del pensamiento de Guzmán, el gran ideólogo de la dictadura. La candidata, en su desesperación reclama para sí la lucha contra la delincuencia que ya fue anunciada en el programa de este gobierno y que fue un estrepitoso fracaso, pero también aboga por poner a Dios en la mesa, el estado y la cama de los chilenos, para que no sigamos perdiendo nuestra calidad de nación aferrada a la moral de la inquisición española, copionamente se conforma con ofrecer bonos, pero no tocar las desigualdades ni el poder de las grandes empresas y se aterra ante la idea de revisar los impuestos o de darle mayor poder a las regiones. En resumen, nada nuevo bajo el sol de la derecha menos liberal y más ensimismada en los anales de la historia.

Del resto, poco que decir, tienen algunas propuestas interesantes, pero todo en un marco de autobombo referencial, donde sus movimientos giran en torno a la persona y no a un gran ideario político-económico-ideológico, lo que los hace muy atrayentes por un minuto, pero no como capacidades para dirigir el país y el yoyoísmo mesiánico, aunque sea testimonial, se queda sólo en eso, un testimonio

En resumen, no encuentro a quién ir a ponerle la rayita el día de las elecciones y no me jodan la pita con el cuento de votar por Bachelet con la mentira del mal menor, porque en política los males menores son sólo para sus adláteres, el resto lo pasa siempre de regular corto para abajo, aunque los seres superiores de la política no lo crean ni lo perciban.

Pero, como hay que ir a votar  y la duda me corroe, creo que ese día concentraré mi mente y mi estructura corporal, me relajaré con ejercicios de Pilates y antiguas técnicas egipcias de dispersión del espíritu y me encomendaré a las fuerzas ignotas del universo para tomar mi gran decisión sobre por cual no-candidato debo votar, agregando en cualquiera de las opciones la AC, de Asamblea Constituyente, en el lado derecho superior y así cumplir con el doble deber cívico de jugar a la democracia , pero dejando claramente establecida mi opinión sobre una constitución ilegítima , aunque ésta haya sido ratificada por la Concertación.

Diario El Pilín

 

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