Contenido.com.ec – Portal de Noticias de Los Ríos y Ecuador

Contenido

 Noticias de última hora
  • ALCALDÍA DE BABAHOYO EN CONSTANTE OPERARTIVO Los operativos de control coordinados entre #AlcaldíaDeBabahoyo, #ATM, #PolicíaNacional y #FuerzasArmadas se extienden en el sector comercial y en los distintos barrios. Se llamó la atención a los ciudadanos que...
  • PREFECTO TERÁN Y ALCALDESA DE BABA ENTREGAN RACIONES Una nueva entrega de raciones alimenticias realizó el prefecto @jteransalcedo, junto a @spalacios2017, alcaldesa y los concejales del cantón, en los sectores Virgen de Agua Santa, Augusto Pazmiño, 1ero de...
  • MEDIDAS SUSTITUTIVAS PARA ABDALÁ Esta madrugada en #Guayaquil el juez Ismael Figueroa emitió arresto domiciliario contra el expresidente de la República, Abdalá Bucaram a quien la #FiscalíaEc lo procesa por presunto delito de tráfico...
  • ALLANAN HOSPITAL IESS DE QUEVEDO Mediante un operativo varias computadoras fueron incautadas en el hospital del IESS Quevedo por la Policía Nacional, en un allanamiento que lo encabezó la fiscal Elizabeth Guanopatin. La diligencia se...
  • Yachay Tech transformará licor artesanal en gel desinfectante La Universidad Yachay Tech informó que procesará 1300 litros de alcohol artesanal para ser transformado en gel desinfectante que será donado a personal de primera línea que atiende la emergencia...

La raza que arruinó Europa

La raza que arruinó Europa
octubre 07
12:13 2013
Carlos_Suasnavas
Por. Carlos Suasnavas
Quito.– La realeza y la etiqueta no siempre fueron de la mano como generalmente se cree. En la historia hubo reyes bárbaros y emperadores tan sabios o prudentes como cualquier burro; que más bien, se iban refinando o adoptando mejores modales, a medida que tenían que recibir, atender y negociar con emisarios de reinos rivales. Aún en la edad media y comienzos del renacimiento, los mismos reyes franceses odiaban las formas protocolarias. El gran cambio sobrevino bajo el reinado de Luis XIV, el Rey Sol.Luis XIV amaba la vida de la corte, se complacía del esplendor de Versalles y se veía gigante, imponente, omniscente entre tanto espejo. Él sin duda era el Sol y había nacido para reinar (al menos eso le enseñaron desde niño), y todo el universo debía girar alrededor de su persona. Así, con esta mentalidad, fue que reorganizó y desarrolló la etiqueta real de acuerdo con sus propios gustos; etiqueta que empezaba muy temprano, desde que el monarca se dignaba en abrir los ojos. Pero seamos testigos de un día normal del Rey Sol. Asistamos al momento en que Luis XIV despertaba y empezaba su ardua faena:

Era deber del jefe de mozos personales separar las cortinas de la cama real por la mañana. Su Muy Cristiana Majestad se dignaba abrir un ojo, y luego el otro. Los mozos sólo permitían el paso a los dignatarios autorizados a presenciar la solemne ceremonia. Entraban los príncipes de sangre seguidos por el Chambelán Principal, el Gran Maestre del Guardarropa y cuatro chambelanes comunes de la corte. Del mismo modo que el sol era el centrodel sistema solar, el Rey Sol lo era de su corte.

Después de una breve plegaria, el jefe de mozos derramaba sobre las manos reales unas pocas gotas de eau de vie perfumada, a manera de ablución, de “purificación espiritual”. Ya purificado, el Primer Chambelán ofrecía primero las zapatillas reales, luego entregaba la bata real al Gran Maestre del Guardarropa, y ayudaba a Su Majestad a ponérsela. Con la bata puesta, el rey se sentaba en su sillón. El barbero de la corte le quitaba el gorro de dormir real (no es broma) y peinaba los cabellos del monarca, mientras el primer Chambelán sostenía un espejo.

Todos los rituales de Versalles tenían su significado e importancia. Acomodar las zapatillas en el pie real o ayudar a Su Majestad a ponerse la bata, representaban señalados favores que el resto de cortesanos envidiaban amargamente. Esta ceremonia matinal era conocida como “Le lever du roi” (el despertar del rey), y el estricto orden que se seguía fue establecido por el propio Luis XIV, y debía ser acatado sin el más leve desvío. Hasta el día en que el rey murió, el primer chambelán siempre le puso siempre las zapatillas, y el Gran Maestre del Guardarropa se ocupó de pasarle la bata. Proponer un cambio en el ceremonial era inconcebible y habría sido visto como traición al Rey Sol, como una revolución.
Bueno, Le lever era la primera parte, el aspecto íntimo de la mañana (o de cualquier hora al despertar). Seguía luego el segundo acto, más solemne aún: Los uniformados que hacían guardia en la entrada de la habitación abrían las amplias puertas para que entrara la corte. Duques y nobles, embajadores, mariscales de Francia, Ministros de la Corona y de la iglesia, los presidentes de los parlamentos y dignatarios de todo tipo y pelaje. Todos ocupaban lugares cuidadosamente establecidos de antemano, del lado exterior de la barrera dorada que dividía el dormitorio en dos partes, y contemplaban el espectáculo con silenciosa ansiedad. Era ni más ni menos que una obra teatral de gran gala, en la cual, el primer papel, siempre era el del rey.

El protocolo continuaba: El rey se quitaba la bata, ayudado por el Gran Maestre del Guardarropa por la derecha, y el jefe de lacayos a la izquierda. La bata era una prenda menos trascendente que la camisa de dormir. Mucho más complejo era el acto en el que el rey se despojaba de la pijama y se ponía la camisa de día. Un caballero de la cámara real se la entregaba al primer chambelán, quien a su vez, se la pasaba al Duque de Orleáns (hermano del rey). El rey recibía la camisa de manos del duque, se la ponía sobre los hombros, y con la ayuda de dos chambelanes se quitaba la camisa de noche y se acomodaba la del día.

Los cortesanos ayudaban a Su Majestad a acicalarse, a ponerse los zapatos, a asegurar las hebillas de diamantes, a colgar la espada y la cinta de la orden elegida por el monarca. El Gran Maestre del Guardarropa (generalmente el duque francés de más edad) desempeñaba un papel importantísimo: sostenía en sus manos las ropas usadas el día anterior, mientras el rey sacaba de los bolsillos pequeños objetos de uso diario y los ponía en los que estaba vistiendo. También presentaba al monarca, en una bandeja de oro, tres pañuelos bordados, para que el rey eligiese uno; y por último le entregaba el sombrero real, los guantes y el bastón.

Leer más en: http://www.sentadofrentealmundo.com/2012/05/la-raza-que-arruino-europa.html#ixzz2h3beQwcn
Under Creative Commons License: Attribution Non-Commercial

Gobierno Autónomo Descentralizado Municipal del Cantón Baba

Síguenos en Twitter

Síguenos en Facebook