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Las heridas abiertas de Chile

octubre 03
12:38 2013

Por Ricardo Farrú

Ya pasaron 40 años del golpe y las heridas ni cierran, ni sanan, por el contrario, pareciera que se han reabierto con fuerza inusitada, desnudando la precaria base sobre la que se sustenta nuestra devaluada y nunca bien ponderada semi democracia, así como los febles  sostenes de una forzada convivencia ciudadana que ya no tiene las ganas de creerle a las élites de ninguna especie, lo que imposibilita un reencuentro real entre nosotros.

Estos 40 años demuestran que cuando los temas no se hablan ni  con la verdad ni con la justicia, los círculos no se cierran y permanecen dando vueltas y brotando a cada instante, en cualquier lugar y, a veces, de la peor manera.

No bastan los perdones de última hora, no bastan las sonrisas falsas de los políticos de todos los lados, ni mucho menos los afanes por reescribir la historia, aduciendo algunos, que nunca supieron de los horrores de unos pocos desalmados que se mandaban solos, aunque su jefe y cabeza repitió hasta el cansancio que “no se movía una hoja en el país sin que él lo supiera” mientras varios de los actuales despistados trabajaban para, por y en el gobierno del general , tampoco alcanza el argumento de los otros que dicen que después del aplaudido golpe les bajaron de nuevo los arrebatos democráticos, ni mucho menos alcanza el empatar las atrocidades con las supuestas bondades del modelo económico implantado, ya que éste es lo más parecido a un embudo perfecto, la boca ancha para unos pocos y lo angosto para la mayoría.

Lo que termina por desbordar el sentido común y la paciencia de la gente, es el hecho que los que profitaron de la dictadura, pululan orondos por el congreso o en los ministerios del actual gobierno,  dándole clases al país sobre democracia y moral, aun cuando se sabe que no poseen ni lo uno ni lo otro y eso no puede contribuir a que Chile mire la historia con calma, pero con la calma de la justicia hecha, no con  la de la verdad oculta por espurios intereses económicos o por cobardías personales, que sólo los envilecen aún más.

Pero todo lo de arriba, y es mi convencimiento más profundo, no alcanza para entender por qué seguimos divididos, por qué el pasado sigue tan vivo en el presente, por qué el país aparece nuevamente cortado en dos categorías, los fachos y los comunachos, cuya línea divisoria es la DC, que a veces, según quien lo diga, está a uno u otro lado del espectro, pronunciado esto con un desprecio y un odio rayano en la locura, entonces surge la pregunta ¿ por qué no hemos sido capaces de cerrar el ciclo y comenzado a ser de nuevo una nación, no un lugar geográfico con gente que habla dos idiomas tan distintos?

Y la respuesta es simple pero dolorosa, ya que por una parte están los actores activos y pasivos del golpe y sus aberraciones, según palabras del Presidente Piñera, pero por otra parte, la espantosa connivencia de los gobiernos pos dictadura con los legados de Pinochet, al haber hecho de su convencimiento y práctica oficial la más bastarda de las políticas, la  de la Doctrina Aylwin, que fue bautizada como “La medida de lo posible”, implantada con la mentirosa y atemorizante disyuntiva de consolidar o perder  la débil y naciente democracia.

Esta doctrina permitió, entre otras gracias, que Pinochet fuera senador designado, que no se revisara nada de las ventas a precio de huevo de las empresas estatales, que la constitución ilegítima del año 80, más allá de unos retoques cosméticos, permaneciera igual, que el binominal nos siguiera pesando, que el pacto de silencio militar para ocultar los crímenes siga funcionando, que el dictador, a su muerte, tuviera honores de estado, ministros con cara de circunstancia de por medio, que desmontaran toda la prensa progresista, como Hoy, Apsis, La Epoca, Fortín Mapocho,etc,  para que no los molestaran en sus afanes por acomodarse a la ¿institucionalidad? vigente.

Esta doctrina permitió también que solamente algunos de los tontos útiles de la Dina pagaran con penas de cárcel en recintos de lujos como chilenos de primera clase, mientras que sus jefes, militares y civiles siguen dándose la gran vida, pana manipular a la opinión pública con el sentimiento de que el imperio de la justicia había vuelto a reinar en Chile.

Pero, a fin de cuentas, todos esos gestos de circo pobre nacidos al alero de la medida de lo posible, lo único que consiguieron fue ocultar la rabia de las injusticias bajo la alfombra y eso es lo que brota ahora, el habernos dado cuenta que nos metieron inmisericordemente el dedo en la boca con el eslogan de la alegría ya viene, pero la alegría no ha llegado para muchos de nuestros ciudadanos que aún no saben que pasó con sus muertos, desaparecidos hasta el día de hoy, sin atisbos de verdad o justicia y menos ha llegado para la gran mayoría que no quiere bonos de invierno o verano, sino que quiere trabajos dignos y salud y educación decente. Nada más, pero nada menos tampoco.

En este estado de cosas y a cuarenta años del golpe, la derecha chilena hizo dos cosas tremendamente inteligentes y una profundamente estúpida. Las inteligentes fueron haber cooptado a muchos de los dirigentes de la Concertación, metiéndolos en los directorios de las grandes empresas para así hacerlos parte del sistema  y logrando que se sumaran al efecto de ceguera temporal progresista, la segunda cosa brillante que hicieron fue entregar a los mandos medios a la justicia, para que pagaran las culpas propias y las de los jerarcas que siguen libres, para así pasar desapercibidos y seguir mamando de las dulces ubres del poder político y económico, pero donde metieron las patas hasta lo indecible, el momento menos coherente de su estrategia, por no llamarlo directamente estúpido, fue haber elegido a Sebastián Piñera presidente de la República.

Piñera, en su desbocado afán por diferenciarse de la derecha golpista y para tener la posibilidad de ser reelegido en cuatro años más, le ha asestado golpes descarnados en lo político y en lo valórico a los dos partidos que lo apoyaron, le ha brotado de manera bastante abierta ese pedacito de DC que lleva escondido y logró, sin quererlo, que el tema de los DDHH retornara al primer plano del quehacer político y noticioso nacional, impregnando las candidaturas de la Concertación y  la de la derecha, que son las que corren con más posibilidad.

La Concertación se vio arrastrada, porque ya no pueden seguir jugando a ser los de la medida de lo posible, que es la medida de la nada misma y la derecha se ve metida en el medio de la tormenta, porque muchos de sus rostros fueron parte importante del gobierno de Pinochet y sus balbuceantes excusas no se las traga nadie a estas alturas del partido y Piñera seguirá con su rutina, porque su ego es más fuerte que las necesidades del conglomerado que lo apoya, lo que profundizará los efectos del golpe militar en las elecciones que se aproximan y las y los candidatos no tendrán como sacarse esta verdadera camisa de fuerza, que los obliga a enfrentar su propio pasado.

El único camino, a la luz de los acontecimientos, que se ve posible para cerrar las heridas es re democratizar el país, eliminar hasta el último vestigio dictatorial de una constitución ilegal e inmoral por su origen, terminar con el binominal abriéndole paso a nuevas fuerzas políticas y dejando que cada partido pese lo que efectivamente pesa y no lo que las matemáticas mañosas de mala manera le regalan, conocer la verdad hasta el fondo, por más dolorosa y brutal que sea y no importando el quien caiga, ni mucho menos qué  intereses políticos, económicos o morales afecte, pero también impartiendo justicia sin rencores, pero sin concesiones ni amnistías de ninguna especie, porque la sola verdad, si esta queda impune, como ha sido hasta ahora, sólo hará que continuemos conviviendo en un territorio común dos países profundamente enemistados.

elPilín.cl

@diarioelpilin

Gobierno Autónomo Descentralizado Municipal del Cantón Baba

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