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Nidos de tortugas tienen protectores en seis zonas de Santa Cruz

Nidos de tortugas tienen protectores en seis zonas de Santa Cruz
noviembre 13
12:30 2013

Un total de  226 nidos han sido protegidos de especies invasoras como los chanchos salvajes en la parte alta de la isla.                

Guardaparques de la Dirección del Parque Nacional Galápagos (DPNG), iniciaron en junio pasado la protección de nidos de tortugas gigantes terrestres en la parte alta de la isla Santa Cruz, labor que coincide con el período de desove de esta especie representativa del archipiélago de Galápagos. Hasta octubre fueron protegidos 226 nidos por estar expuestos a especies invasoras.

Moisés Villafuerte y Segundo Gaona forman parte del equipo de guardaparques de la dirección de Ecosistemas, que tiene a su cargo la protección en las seis zonas de anidación de esta isla: La Torta, La Caseta, El Peligro, Cerro Gallina, Cazuela y El Fatal. Esta labor terminará en diciembre, junto a la época en la que las tortugas finalizan el desove.

Terreno agreste

El trabajo inicia a las 07:00, cuando el vehículo de la DPNG deja al grupo en la zona de ingreso cercana a la carretera, pero distante del área de trabajo, como por ejemplo en La Torta, ubicada al sur de la isla, donde los guardaparques realizan una caminata de más dos horas para llegar a los sitios de anidación, tras abrirse paso entre un follaje tupido de vegetación agreste compuesta por espinos y cactus.

Gaona y Villafuerte avanzan hasta llegar a una quebrada, en la que el primero se detiene para sacar un espino que atravesó su bota; por un momento, pierde el equilibrio sobre las piedras, y en el último instante alcanza a sujetar la bota antes de que caiga por una grieta de más de 20 metros de profundidad. Tras el susto reinicia la caminata.

En medio de matorrales, ambos divisan un área de tierra rojiza en la que observan el molde de las patas y la cara de una tortuga en una especie de barro, el mismo que los quelonios forman con su orina y tierra para proteger los huevos. Entonces, Villafuerte observa un montículo, hallé el primero dice, mientras con la cacha de su machete lo golpea y el sonido hueco confirma el hallazgo, imposible de detectar para alguien sin experiencia.

Villafuerte afirma que los años le han enseñado a ubicar los nidos rápidamente, aunque reconoce que a veces se le escapan algunos. A los chanchos cimarrones no les pasa eso, por eso la DPNG realiza esta actividad. Rápidamente recoge la malla metálica que coloca sobre el nido mientras Gaona recoge piedras del tamaño de un microondas pequeño, para formar un cerramiento sobre el metal, pero dejando una pequeña abertura del lado de las puntas para que los galapaguitos puedan salir, llegado el momento de la eclosión.

A pesar de la uniformidad del terreno compuesto por piedras, montículos pequeños y vegetación, los guardaparques detectan más nidos y repiten la operación varias veces, con mallas que anualmente dejan en el sitio, pues las tortugas tienen sus sitios de anidación, a los que vuelven cada año para depositar sus huevos.

Liberación anual

Mientras uno de los guardaparques recoge troncos que luego cortan con su machete para dejar un área lisa en la que,  con la ayuda de un corrector líquido que utiliza como pluma, marcan la fecha y el número del nido; su compañero marca la ubicación exacta del nido con la ayuda de un dispositivo de posicionamiento satelital (GPS), en el que coloca las coordenadas que le permitirán retornar a él u otro compañero, entre enero y marzo, al sitio en el que procederán a liberar a los galapaguitos tras retirar las piedras y las mallas.

De cada nido sale un promedio de seis galapaguitos, que también se exponen al peligro de los roedores, por eso los guardaparques regresan en la época de eclosión para recoger los huevos y a las tortuguitas que han salido del cascarón y trasladarlos al centro de crianza de tortugas gigantes, donde pasarán a la incubadora y a los corrales, respectivamente.

Después de proteger 24 nidos, tras casi cinco horas de trabajo, los guardaparques inician el retorno hacia la carretera, por un camino de piedras y quebradas, igual de agreste que el de ingreso, por el que caminarán otras dos horas para abordar el vehículo que los llevará a sus hogares y regresar al siguiente día, comprometidos con la protección de las especies emblemáticas de las islas.

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