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The Economist, revista inglesa, responde a Rafael Correa

octubre 11
11:20 2013

La revista londinense The Economist respondió ayer a las acusaciones que hiciera el sábado anterior el presidente Rafael Correa, quien afirmó que la publicación miente en su edición del pasado 28 de septiembre sobre el caso Chevron.

El mandatario emplazó al medio a visitar Ecuador y a probar que la contaminación la dejó Petroecuador, como se menciona en el artículo.

La publicación recordó que Correa la acusó de decir mentiras descaradas y de actuar en nombre de Chevron, que supuestamente ha financiado campañas en The Economist, pues las familias Rothschild y Schroders son accionistas de The Economist Group y también de Chevron.

La revista aclaró que “al igual que muchos fantasiosos paranoides (o los políticos que buscan una cortina de humo…)”, Correa dio una versión equivocada del artículo.

“Chevron es un anunciante frecuente en The Economist y en el 2007 contrató a nuestra empresa hermana, la Unidad de Inteligencia de The Economist, para proporcionar datos para una simulación de la política energética en línea… Los Rothschild y Schroders son de hecho los accionistas minoritarios en el grupo Economist… Pero no tenemos ni idea de si los Rothschild y Schroders son también accionistas de Chevron.

Agregó: “No tienen ninguna influencia sobre nuestra cobertura de este tema o cualquier otro”.

La revista se ratificó en lo publicado el 28 de septiembre y en los documentos de sustento que utilizó para la elaboración de la nota, “hechos que parecerían ser un vacío en el universo mental del Sr. Correa”. (Fuente: Diario El Universo)

Mandatario denunció las mentiras de The Economist

Como se recordará el mandatario ecuatoriano en la sabatina del 5 de octubre de 2014, en Peguche, Imbabura, dijo: “Un artículo publicado por la revista The Economist, en el que critica la decisión del Gobierno ecuatoriano de explotar el petróleo que está en los bloques 31 y 43 del Yasuní, intentó desvirtuar el objeto de la campaña emprendida en contra de Chevron-Texaco, por la contaminación que causó en los pueblos de la Amazonía ecuatoriana.

Con mentiras como que en el Yasuní existen especies en peligro en extinción y que el pozo de “brea” en donde el Presidente Rafael Correa metió su mano es responsabilidad de la petrolera estatal, fueron rechazadas por el Mandatario, pues no se apegan a la verdad.

El Jefe de Estado solicitó a las autoridades del Ministerio de Recursos Naturales no Renovables y de la Empresa Pública Petroecuador revisar las medidas judiciales que se puedan tomar en contra de The Economist, con la finalidad de que prueben la afirmación realizada en su artículo titulado “Es difícil ser verde”, en la traducción al español.

Finalmente, durante el Enlace Ciudadano el Presidente Correa envió un twit a la cuenta de The Economist y Chevron, invitándolos a ver la contaminación causada por la multinacional petrolera en Ecuador. Los calificó de mentirosos y corruptos, debido a su accionar deshonesto. Durante el primer minuto, el twit enviado por el Mandatario ecuatoriano obtuvo más de 2.500 retwitts. (Fuentes: El Ciudadano)
Artículo de la revista The Economista, en inglés

Oil, Ecuador and The Economist

A volcano erupts

Rafael Correa lambasts us and “the empire of capital”
LAST month we published a story about the decision of Ecuador’s president, Rafael Correa, to authorise drilling for oil in the Yasuní National Park in the Amazon rainforest (“It’s hard to be green,” September 28th), an idea he had previously resisted. We explained the reasons why he changed his mind—that Ecuador has no easy alternatives to boost oil production and that Mr Correa needs more money to continue his anti-poverty programmes. Then we added:

“In a bid to deflect the anger of environmentalists at his U-turn, Mr Correa this month turned his rhetorical fire on Chevron. Two years ago, an Ecuadorean court in Lago Agrio, an Amazon town, imposed a colossal $19 billion fine on the company over pollution allegedly caused in the 1970s and 1980s by Texaco, bought by Chevron in 2001. In fact Ecuador’s government reached a final settlement with Texaco in 1998 (the tar pit into which Mr Correa dipped his hand earlier this month is the responsibility of Petroecuador, a state company).”

Mr Correa himself blamed Chevron for the tar pit he visited, saying last month: “These are pools left in 1986 by Texaco, which were never operated by other companies, and today, nearly 30 years later, what comes out is oil.”

Our article prompted an extraordinary response from Mr Correa. On October 5th he accused us of “barefaced lies” and of acting on behalf of Chevron, which he said “has financed campaigns in The Economist”. “None of this is coincidental, it’s the empire of capital,” he explained, adding: “The whole of humanity should rebel against this. Two powerful foreign families, the Rothschilds and Schroders, are shareholders of The Economist group and of six financial companies that are in turn shareholders in Chevron.” He called for a Twitter campaign against us.

Like many paranoid fantasists (or politicians seeking a smokescreen for a climb-down), Mr Correa has got some things half-right. Chevron is a frequent advertiser in The Economist and in 2007 it hired our sister company, the Economist Intelligence Unit, to provide data for an online energy-policy simulation (see www.energyville.com). The Rothschilds and Schroders are indeed minority shareholders in The Economist group (we are sorry that Mr Correa finds “foreigners” so sinister).

But we have no idea if they are also shareholders in Chevron and don’t care. They have no influence over our coverage of this subject or any other. Our reporting is based on a commodity that seems to be lacking in Mr Correa’s mental universe: facts. He may not like the fact that a previous, elected Ecuadorean government settled in full the claims against Texaco, but it did. Contrary to the contention of Ecuador’s ambassador to London (see article), an international tribunal in The Hague recently ruled, in a case brought by Chevron, that class-action suits of the kind initiated against the firm in Lago Agrio were precluded by that earlier settlement.

As for that tar pit: a plan drawn up in 1995 specified the share of remediation work that Texaco was supposed to perform. The pool into which Mr Correa dipped his hand, known as Aguarico-4, is not one that the company was required to clean up. Petroecuador’s own corporate documents suggest a long-standing interest in Aguarico-4. Its statistical report of 2007 lists Aguarico-4 as a “production recovery” site; its 2011 report refers to “reconditioning work” going on at the pool.

That seems to confirm that Petroecuador has for some time regarded Aguarico-4 as its responsibility. It also seems to deny Mr Correa’s claim that the site has been neglected since 1986. Perhaps Mr Correa should tell all of humanity about that.

 

Fuente:  ecuadorenvivo.com

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